Intérprete siempre, hasta en las bodas de mis amigos

Uno no trabaja de intérprete, es intérprete, de la misma forma que uno es médico también fuera de su horario laboral e interviene en caso de emergencias, incluso si está de vacaciones.

Mi cirugía de corazón abierto tuvo lugar el sábado pasado, día en el que se casaron unos amigos, él español y ella alemana. Esta pequeña ceremonia en España la organizaron en principio solo para la abuela de él, que no podía viajar a la boda “de verdad” en Alemania. Tan solo el viernes me enteré de que al final iba a estar también parte de la familia alemana, cuando el hermano del novio me preguntó cómo traducir una frase al alemán para intentar quedar bien.

Mi instinto natural de intérprete no podía permitir que los familiares alemanes se quedaran mirando sin entender las palabras que iban a acompañar uno de los días más bonitos de la vida de la novia. Como mi alemán es pasivo y a los profesionales nos gustan las cosas bien hechas, mi propuesta inicial fue regalarle el servicio de un compañero intérprete con alemán activo, para que todo saliera impecable. Sin embargo, los familiares españoles —con los que tengo mucha relación— me repitieron una y otra vez que querían que lo hiciera yo a toda costa y no un desconocido. Tras mucho insistir, acepté mi destino.

Los que iban a hablar en español colaboraron y me pasaron los discursos que iban a leer, lo cual ayudó muchísimo, sobre todo porque uno tenía muchas referencias a películas como El padrino e incluso citaba alguna frase famosa de las mismas.

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A pesar de que la dirección alemán > español no me preocupaba mucho, el padre de la novia también me comentó por encima de qué iba a hablar justo antes de entrar. Nunca viene mal.

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_DSC0738Aunque es probable que en las partes no preparadas me haya bailado alguna preposición en alemán, el resultado fue muy bonito. Lo más complicado fue evitar que se me escapara una lagrimita. Claro, la situación estaba cargada de emociones, como cualquier otra boda, pero esta vez yo no solo era un simple puente que permitía la comunicación, sino también la amiga de los novios, que empezaron a llorar desde el minuto uno y eso se contagia. Además, me conmovió ver la reacción de los familiares alemanes y de la novia cada vez que —gracias a mi pequeño regalo— pudieron entender las partes más emotivas de los discursos en español.

En cambio, lo más divertido fueron sin duda los comentarios de la gente mayor que, al acabar la ceremonia, se acercaba para felicitarme por lo que bien que lo había hecho e incluso por mi dominio increíble ¡del “inglés”! Y luego lo típico: alguien empezó a comentar que había tomado notas «con dibujitos raros» y enseguida muchos se acercaron a ver la libreta como si hubiese sido la prueba de la existencia de los alienígenas en Marte. Quien aún no me conocía descubrió así que no me había improvisado intérprete por la ocasión, sino que lo era ya y seguiré siéndolo siempre.

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